Treinta minutos en dirección equivocada
«Diez dólares», me digo, y no es un pensamiento, es una cuenta. Diez dólares americanos en la cuenta, el calor de Huangpi apretando ya desde las ocho de la mañana, y yo sentado en un autobús que va, según acabo de entender, exactamente en la dirección contraria a donde quería ir. Hay un cartel rojo…